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La
plaza del Santo continúa siendo el corazón de la ciudad antigua,
no en vano delimita su perímetro una ermita, una catedral, un esbelta
torre y un Parador Nacional, antiguo hospital de peregrinos.
Esta plaza era el lugar del mercado semanal hasta
que el Marqués de Ciriñuela, en el año 1789, lo prohibió, bajo
amenaza de multa de dos pesetas, para no molestar la oración en
el interior de la Catedral. (Carlos Muntión Hernáez)
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