
¡Adiós a Santo Domingo de la Calzada!
Y al dejar atrás las últimas casas, ponemos nuestro pie en una de las obras más destacadas del fundador de la ciudad. Su construcción fue esencial, cargada de amor a los peregrinos y realmente eficaz. Facilitó el discurrir del impetuoso río de montaña y por su estructura superior, dio paso a toda la riada de peregrinos a Santiago de Compostela.
Angustiosa era la barrera que presentaba el del río a vadear por los caminantes. Domingo, facilitó con su eficacia y preocupación hacia ellos su cruce y se reveló para el mundo y durante el resto de su vida como “Domingo el de la Calzada, “facilitando la peregrinación y dejando en herencia para toda la eternidad, su obra y su deseo,
Nuestro puente representa con silenciosa dignidad y sin escuchar frecuentemente, los impresionantes signos de admiración lanzados en honor a la estilizada torre de la Catedral; la eficacia en su cometido, la sencillez en su trazo y la voluntad de servicio en su agraciado diseño.
Qué lejos queda aquella riada de 1561, en la que hubo que actuar en la primigenia obra dejada en 1109 por aquel ermitaño y que ha sido retocada a través de los siglos. El actual puente de 148 metros de longitud y diez y seis arcadas de acceso, después de infinidad de reparaciones, ha llegado a nuestros días con la majestuosidad de su reconocida nobleza para mayor gloria de Santo Domingo y orgullo de sus descendientes y conciudadanos
A. I. González.


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